las luces siempre encienden en el alma.
Y cuando me pierdo en la ciudad,
vos ya sabes comprender,
es sólo un rato no más,
tendría que llorar o salir a matar.
Te vi, te vi, te vi...
yo no buscaba a nadie y te vi.
En la primavera de 1989, la plaza fue tomada por estudiantes y civiles que llevaron a cabo la mayor protesta pacífica de la historia. Presionaban por alcanzar un diálogo con los líderes comunistas y, eventualmente, por paz y democracia. La plaza repleta se convirtió en el corazón palpitante de la ciudad; la policía había desaparecido. Fue una forma benévola de anarquía: noble, alegre y sorprendentemente ordenada. Mi hijo fue corriendo hacia el lugar donde veinte años atrás los estudiantes levantaron una inmensa réplica de la Estatua de la Libertad en poliestireno. Miró hacia el norte y vio la Puerta de Tiananmen, la entrada a la Ciudad Prohibida, donde vivía el emperador.
o.Carta d
e despedida a los hijos
A mis hijos
Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.
Casi no se acordarán de mí y los más chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
Hasta siempre, hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de
Papá.
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Que bello cierto?
Ahora les dejo la carta que le escribió a sus padres, la última.
Queridos viejos:
Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.
Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.
Puede ser que ésta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va mi último abrazo.
Los he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño, soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces no me entendieron. No era fácil entenderme, por otra parte, créanme, solamente, hoy.
Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas fláccidas y unos pulmones cansados. Lo haré.
Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri del siglo XX. Un beso a Celia. A Roberto, Juan Martín y Patotín, a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante para ustedes.
Ernesto
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Por último les recomiendo que lean el Diario del Che en Bolivia. Ahí se darán cuenta una vez más, que Che hubo y habrá uno solo.
El si pensó en que los que creemos en un mundo mejor, leeríamos sus cartas. Estas están llenas de coraje, sueños y amor más que revolucionario. Por algo su vida y legado ha trascendido y se ha reafirmado en el tiempo.
Me cuesta ponerme en su lugar. Siempre pienso, si podría dejar todo por una causa tan noble. Creo que en otro tiempo, tal vez si, ahora no. Mi hijos me mantienen pegada a este sistema y son mi razón de vivir. Puede ser y sonar demasiado egoista y al lado de lo que si hizo el Che debo ser nada, pero ellos son suficiente razón para dejar mis utopias a un lado. AUNQUE NO DEL TODO.
Todos los días me propongo poner un grano de arena para hacer de este mundo algo mejor. Pero también todos los días me encuentro con un millón de obstáculos que me intentan derribar. Pero al otro día me vuelvo a parar y asi me sostengo en el tiempo.
http://www.adelante.cu/che/documentos/desc/libro3.pdf.
Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia,
De tu querida presencia
Comandante che Guevara.
Hasta siempre comandante.
Hoy me vino la gana, que no las musas
hoy no tengo pretextos ni disculpa para cantarte a ti
para escribirte un verso y descolgarte desde aquí
hasta las ganas de la mañana ya por venir.
Hoy primero del segundo del año
mientras esta mujer rompe el espacio para inventarse al fin
para mirarla toda en el silencio y de perfil
tomo sus manos como escenario para existir.
Y es que no importa que digan
que está trillado
hablar de amor que maldigan
si no han probado
la noche en sus brazos de sol.
Se detiene el reloj sobre nosotros
caen las diez que resbalan por sus hombros y se cuela la luz
que se enreda en tu pelo pero la liberas tú
oro y diamante por un instante de tono azul.

Luego pasaron los años, y esa persona especial me mostró el parte de matrimonio que había diseñado para nuestra unión. Era muy simple y especial, tenia parte del poema de Benedetti, "Te quiero".
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.
Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Ciertamente que Benedetti haya estado en momentos especiales de mi vida, no es pura casualidad. Mi padre, Leandro y Benedetti, tenían algo en común, eso que los acerco a mi vida sin que yo los buscase.
Ayer cuando me enteré que había fallecido, sentí que mi corazón se iba a salir de tan rápido que comenzó a latir. Fue muy fuerte la noticia para mi. Benedetti siempre había estado en distintos pasajes de mi vida, sin quererlo, y de repente me acordé de todos estos acontecimientos vividos.
Solo se hoy día, que para mi será inolvidable este señor con nombre tan largo, Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, pero que conocí simplemente como Benedetti un día. Mientras exista amor y poesia, existirá Benedetti por siempre.