Tuesday, December 29, 2009

Resumiendo
Siempre en estas fechas se hacen resumenes o repasos de que paso durante el año, lo bueno, lo malo, todo el mundo esta en sintonía con la llegada del Nuevo Año.
Para mi cada día de este año que está por terminar, tuvo de todo, como sucede con la vida en general. Comence un año bastante mal con la enfermedad de Rebeca, mi madre. Eso me desajusto completamente, en lo personal y monetario también. Me da mucho temor ver enfermos a mis seres queridos. Tengo seguramente hartos traumas con el tema. Actualmente la veo más recuperada, pero el temor sigue ahi, latente.
A pesar de todo los inconvenientes, tuve unas vacaciones espectaculares junto a mis hijos y Lea. De las mejores que he tenido en mi vida. Inolvidables. Las quise repetir cada día del año que termina y las volvería a repetir, si no fuera por que sé, "que al lugar donde he sido feliz, no debiera tratar de volver". Es así, el  próximo verano será seguramente distinto.
Seguí con un año bastante duro en lo profesional y económico, pero salimos adelante con Lea como siempre. Nuestra estrella siempre brilló y los astros esta vez se volvieron a alinear para nosotros.
Lo que más me deja satisfecha, es ver que mis hijos crecen felices, sanos y a pesar de el poco tiempo que les dí este año, ese poquito tiempo, que me gustaría se multiplique el año que viene, lo supimos aprovechar ellos y yo.
Para mi matrimonio fué un año especial, cumplimos 21 años de pololeo, 16 casados, 4 hijos. Son más que números. Lea cumplió 40 y 10. Más números. Pero son números que a mi me dan toda la felicidad del mundo. Todo lo que diga esta de más.
Resumiendo, cada día que pasó de este año intenté ser feliz, a pesar de todo. Y cada día del que viene seguiré haciendo el mismo esfuerzo.

Todo lo que diga está de más,
las luces siempre encienden en el alma.
Y cuando me pierdo en la ciudad,
vos ya sabes comprender,
es sólo un rato no más,
tendría que llorar o salir a matar.
Te vi, te vi, te vi...
yo no buscaba a nadie y te vi.



Friday, December 04, 2009

My SIGN for you

Anoche vi un corto muy bello sobre como la vida te va poniendo en el camino señales, signos, gestos que a veces, o la mayoria de las veces, dejamos pasar.
Por mi trabajo, todo el tiempo utilizo y enseño Signs que ayudan a diseñar e implementar aplicaciones que le haran más fácil el trabajo a muchas personas. Esos los sé identificar perfectamente. Seguramente por que ya están descritos y solo hay que aprender para utilizarlos.
Pero los Signs que aparecen cotidianamente en mi vida, estoy segura que a veces los dejo pasar.
Viendo este corto, uno se ve de cierta manera reflejado (por algo fué tan premiado en varios festivales). Cuantas veces hemos dejado pasar la oportunidad de decirle a quien tenemos al lado "gracias", "te quiero", "te extraño", "quiero verte", "ayudame", "te amo", "quiero conocerte", etc.
Cuando te suceden eventos fuertes en la vida, lo primero que piensas es en por que no hice esto o aquello, o por que no dije esto o aquello. Pero a veces es tarde para remediar lo que no se hizo.
 En esta urbe es normal ver a personas calcadas al personaje del corto. Cuantas veces me han dicho compañeros/as de trabajo, no me quiero levantar, estoy aburrido/a de esta vida que llevo, nada me resulta, por que me sucede esto a mi, me siento solo/a, etc. Yo misma a veces entro en la ola, y me quejo por todo y por nada.
Anoche me cayo la ficha, como dice mi amiga Amorina, hay que buscar los Signs.
Les tengo un ejemplo, cuando tenia 15 o 16 años tuve un sueño, casi premonitorio, sobre como seria mi vida y al lado de quien. Al otro día, busque al pololo de adolescente que tenía y le dije, sin mucho tino debo reconocer; "sabes....tu no eres la persona...asi que ADIOS!". Asi de clara.
Espere tranquila por que sabia que tenia que llegar esa persona a mi vida tarde o temprano, y asi fué. Cuando conocí a Leandro y me contó el sueño que él también había tenido, supe que era él. Reconocí el Sign. Solo me basto mirar sus ojos.
Hoy justamente, cumplimos 16 años casados y admito que olvido con demasiada frecuencia decirle lo mucho que lo amo.
La vida pasa tan rápido. No esperen, vivamos el hoy, el mañana no existe. Adios al que diran de mi. Adios a mejor mañana. Adios a en otra ocasión.
Que lata tener salud, gente que nos quiere y no disfrutarlos.
Les dejo el corto y espero que sean tan felices "hoy" como yo.
http://www.youtube.com/watch?v=uy0HNWto0UY&feature=player_embedded

Friday, November 27, 2009

Mi Firma por ti.

Hace 16 años, un viernes igual que hoy, me estaba preparando para firmar por ti.

En esos momentos, la única certeza en la vida que tenía era que quería pasar el resto de mi vida contigo. Pero pensaba en que nadie me aseguraría que esto podría ser realidad.

Ambos firmamos, y dejamos ahí estampado nuestro compromiso de estar juntos en las buenas y en las malas. Así ha sido hasta hoy.
Creo que no me equivoque al elegirte y al apostar por ti, por nuestros hijos y por la vida.
Aun recuerdo a tu madre llorando como Magdalena ese día, era tragicómica la escena. Fue en la casa de tus padres y la jueza buena onda nos leyó nuestros deberes y compromisos. Pero yo no escuche nada, entre el moquilleo de tu madre y el de la mía. Solo quería firmar y estar contigo sin que nadie nos separara nunca más.

Hoy la única certeza que tengo, más que nunca, es que quiero seguir contigo el resto de lo que me queda de vida. Lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mí.

Wednesday, October 14, 2009

Tiananmen, a 20 años aparece la verdad escondida

Aun recuerdo como esta fecha (4 Junio, 1989) me marcó. Yo estaba en mi segundo año de Universidad (USACH) y habiamos estado justo un año antes, sólo encausados en derrotar a la dictadura a partir de un plebiscito que finalmente trajo la Democracia tan anhelada.
Pero así como muchos estudiantes en Chile, se jugaron la vida por lograr sacar al dictador. En China, también había estudiantes que querían más libertades.

Según relatos de la época, "en aquel año 1989, el movimiento estudiantil pro-democracia en China había protagonizado varias sentadas (pacíficas) en la Plaza de Tiananmen, en protesta por el gobierno que imperaba y en lucha por la dignidad, el respeto y las libertades. Desde el 3 de junio de ese año, la tensión fue en aumento, mientras la concentración de estudiantes era cada vez mayor. Por supuesto imagenes de esto no tuvimos inmediatamente.
A las 10 de la noche de ese 3 de Junio, los primeros tanques comenzaron a aparecer por la calle Changan. Aquel barrio fue el más perjudicado por las tropas. Las calles adyacentes a la plaza se vieron cubiertas por el fuego de los tanques y por las columnas de soldados que a sus lados disparaban y pasaban a bayoneta a cuantos se les cruzaban en el camino.
La calle Changan quedó cubierta de cuerpos mientras la irresistible columna avanzaba hacia la Plaza. Las órdenes dadas por Li Peng eran claras: tenían que limpiar al alba la Plaza y detener y matar a los lideres de las revueltas.
Al parecer, las fuerzas estudiantiles habían decidido levantar la sentada cuando vieron la violencia con que el gobierno chino reprendía el acto de protesta, pero no les dieron tiempo a retirarse.

Aquel universitario de la foto para la Historia sólo pudo detener la columna de tanques unos momentos. Poco después se iniciaría el asalto final a la Plaza de Tiananmen.
Las cifras oficiales de un gobierno chino que aún tiene censurado cuanto ocurrió aquel día, fueron de 300 muertos. Hoy día, nadie las cree. Según las fuentes extraoficiales, 4.000 inocentes universitarios chinos perdieron la vida en las calles de Pekín y en la Plaza de Tiananmen." (Javier Gomez, http://sobrefotos.com/2009/06/04/foto-historica-de-la-matanza-de-tiananmen/)

El relato anterior, es un resumen de muchos que he ido encontrando en distintos medios. Claramente hasta hoy, el gobierno Chino a escondido la verdad. Pero a través, de distintos actores que vivieron los sucesos hoy podemos saber que pasó y es a través de imágenes y videos que podemos corroborar lo sucedido (http://www.64memo.com/d/Default.aspx?tabid=37&language=en-US).


Uno de los relatos que más me conmovió, fue el de el escritor Ma Jian. Veinte años después, este escritor que vivió esos sucesos regresa para tratar de comprender lo que pasó. El se pregunta ¿Qué pasa cuando tratas de reconstruir un episodio que según tu gobierno nunca ocurrió? Un viaje -sin retorno- de Ma Jian (traducción de Carlos Cavero) en la revista Etiqueta Negra, n.º 173.


Un viaje (sin retorno)


Por Ma Jian




"Hace dos mil quinientos años Confucio meditaba sobre el implacable paso del tiempo, divisó un río y suspiró: «Las cosas pasan así, no cesan ni de día ni de noche». En China, uno percibe el tiempo estático e imparable a la vez. La masacre de Tiananmen, que en 1989 conmocionó Pekín, mató a miles de ciudadanos desarmados y cambió el curso de las vidas de millones, ahora parece un instante atrapado en el siglo XX, olvidado o ignorado, mientras que China sigue en su ciega y vertiginosa carrera hacia el futuro. La amnesia en la que China está sumida no es resultado de la pérdida natural de la memoria sino de un borrado forzoso por parte del gobierno.


El régimen de la China comunista no tolera la sola mención de la masacre. Sin embargo, la Plaza de Tiananmen y otros lugares relacionados con los eventos de 1989 cargan aún con dichos recuerdos. Cuando la palabra hablada y escrita se censura, el paisaje urbano se vuelve la única conexión palpable que tiene la nación con su pasado.


Abandoné Pekín en 1987, poco antes de que se prohibiesen mis libros, pero siempre volví con cierta frecuencia. Yo estuve con los estudiantes en la Plaza de Tiananmen en 1989, viviendo en sus improvisadas carpas y entonando con júbilo la Internacional, el himno socialista por antonomasia.


Durante las dos décadas siguientes, cada retorno me ha traído imágenes de aquellos días con más y más insistencia. Durante las Olimpiadas de Pekín en agosto del 2008, llevé a mi hijo de cinco años a la plaza. Durante nuestro viaje, fuimos observados por las cámaras de CCTV –la más grande cadena estatal de televisión china– en el ascensor de nuestro edificio; y fuera del condominio, por los parlantes de los taxis, por la policía que rodeaba las calles y por los guardias de seguridad que nos registraron antes de nuestra entrada final a Tiananmen. Salimos del subterráneo y llegamos a la plaza. Salvo por los innumerables policías, los agentes de civil (fácilmente reconocibles por sus lentes oscuros y camisas a rayas) y las chillonas exhibiciones florales, la plaza de concreto –del tamaño de ocho canchas de fútbol– se hallaba casi desierta.




En la primavera de 1989, la plaza fue tomada por estudiantes y civiles que llevaron a cabo la mayor protesta pacífica de la historia. Presionaban por alcanzar un diálogo con los líderes comunistas y, eventualmente, por paz y democracia. La plaza repleta se convirtió en el corazón palpitante de la ciudad; la policía había desaparecido. Fue una forma benévola de anarquía: noble, alegre y sorprendentemente ordenada. Mi hijo fue corriendo hacia el lugar donde veinte años atrás los estudiantes levantaron una inmensa réplica de la Estatua de la Libertad en poliestireno. Miró hacia el norte y vio la Puerta de Tiananmen, la entrada a la Ciudad Prohibida, donde vivía el emperador.

En 1949, Mao se paró en la entrada y declaró fundada la República Popular. Ahora, los muros de color rojo sangre están cubiertos por un andamiaje y una malla verde. En épocas políticamente sensibles, estos muros se cubren invariablemente por «trabajos importantes de restauración», lo que asegura que nadie se acerque lo suficiente como para pintar eslóganes subversivos. Actualmente, el único rincón que los turistas pueden fotografiar es el retrato del presidente Mao sobre el arco central.



Mi hijo contempló el rostro regordete y rosado del tirano y me preguntó quién era.

–Mao Zedon –le respondí.

–¿Ya murió?– preguntó él con el sudor cayéndole sobre las mejillas.

–Él murió hace años, su cuerpo está allá en esa gran construcción –le expliqué, señalándole el mausoleo gris de concreto que es taba detrás de nosotros.


Mi hijo dio la vuelta y corrió hacia un puesto de helados. Recordé cómo en 1989 también yo tuve que correr por la plaza bajo el insoportable calor con una bolsa de chupetes de hielo en la mochila, que entonces entregué a mis compañeros escritores que habían marchado hasta la plaza desde la Academia de Escritores Lu Xun, clamando por la libertad de expresión y el fin de la corrupción del gobierno Cuando pasaron desfilando, les hice la señal de la victoria. Ese día hubo más de un millón de personas en la plaza. El cielo era tan azul como el de hoy, pero en vez del aroma a césped y flores, el aire estaba colmado por el olor del sudor, los residuos en putrefacción y los espectaculares gritos de protesta.
Mientras mi hijo miraba la caja de helados del vendedor, eché un vistazo al puente sobre el foso del río Jinshui que bordea la Puerta de Tiananmen. Ahora estaba rodeado de policías. Estaban allí para impedir los saltos suicidas de los peticionarios en contra del gobierno. En el 2004, un pekinés llamado Ye Guoqiang había saltado fatídicamente en protesta contra el desalojo forzoso del restaurante de su hermano para dar lugar a un proyecto de construcción para las Olimpiadas. Fue sentenciado a dos años de prisión por avergonzar al Estado. El juez le dijo:
–Si quieres matarte, al menos hazlo en la privacidad de tu casa, no en las narices del Presidente.
Bajo el retrato de Mao, los ciudadanos pueden ser ejecutados por el Ejército pero no pueden suicidarse.
Frente al Museo de Historia China, al este de la plaza, le tomé una foto a mi hijo parado frente a una chillona exhibición de flores granate, amarillas y naranjas puestas en macetas. Un eslogan decía: «Un mundo, un sueño». A comienzos de mayo de 1989, durante la masiva huelga de hambre de los estudiantes, le dije a mi amiga que si el Ejército viniese a la plaza y nos apuntase con sus armas, yo la llevaría directamente al museo para cubrirla.
–¿Crees que serían capaces de apuntarnos? –exclamó riéndose–.
Estás loco.


Ella llevaba un sombrero de paja con las palabras «Tristeza» y «Alegría» impresas al frente. Al igual que la gran mayoría, no podía creer que el Ejército Popular fuera capaz de abrir fuego contra inocentes civiles.
En mayo de 1989, mi hermano sufrió un accidente en Qingdao, mi ciudad natal, en la costa este de China, y quedó en estado de coma. De inmediato, abandoné Pekín para cuidarlo, así que no fui testigo de la masacre del 4 de junio (si lo hubiese sido, tal vez jamás habría podido escribir acerca de esto). Mi amiga Li Lanju, líder de una asociación estudiantil de Hong Kong, me dijo que las primeras cuatro horas de ése día también estuvo allí sentada frente al museo. Vio a los soldados del Ejército Popular de Liberación con sus cascos verdes salir del museo y alinearse en los escalones del frente. Un adolescente de unos quince años corrió hacia los soldados con una piedra en la mano y les gritó:
–¡Acaban de matar a mi hermano! ¡Quiero vengar su muerte!
Li Lanju se abalanzó sobre él y lo jaló hacia atrás. Sin embargo, a los pocos minutos, un hombre corría cargando al muchacho en brazos. Estaba muerto, con el rostro bañado en sangre. El Museo de Historia China no tiene un solo registro de los sucesos que acontecieron bajo los peldaños de su fachada. Me acerqué a mi hijo y le compré un helado en forma de panda. Un mes después, ya de vuelta en Londres, su madre y yo nos espantamos al enterarnos de que los productos lácteos con los que alimentábamos a nuestro hijo estaban contaminados con melanina, una sustancia que produce cálculos renales. El gobierno chino tenía conocimiento de que ganaderos inescrupulosos habían estado adulterando la leche para aumentar sus ganancias, pero prohibió la difusión de noticias sobre el escándalo para evitar que se frustrara su propagandística fiesta olímpica.
Hacia el lado sur, mi hijo me tomó una foto frente a otro eslogan: «Participo, contribuyo y disfruto». El Estado controla no sólo los espacios públicos de Pekín sino también su lenguaje. Los eslóganes que se leen por toda la ciudad deshonran las palabras que alguna vez fueron convincentes. En 1989, conocíamos el significado de participación; experimentábamos la alegría de formar parte de la historia de nuestro país y de compartir los anhelos universales de libertad. El éxito del Movimiento Solidaridad en Polonia y las noticias sobre estudiantes que marchaban apoyándonos en Taiwán, Washington y París nos dieron la impresión de que el mundo se había unido por un sueño en común. Desde entonces, los comunistas se esforzaron por volcar a la población contra las democracias extranjeras y continuaron excluyendo a los civiles de los asuntos nacionales. Palabras como «participación», «sueño» y «alegría» se volvían vacías y sucias en boca de estos tiranos.
Cruzamos el Mausoleo de Mao y mis pensamientos volvieron nuevamente a 1989, cuando un estudiante con quien compartía carpa me dijo lo mucho que deseaba juntar un grupo de amigos, irrumpir en el museo, sacar el cuerpo de Mao y lanzarlo al río Jinshui. Dijo que nunca existiría paz mientras el cadáver embalsamado de Mao permaneciera en la plaza.
Ya cansado y abatido, tomé a mi hijo de la mano y lo llevé por la calle hasta el distrito de Qianmen. En 1989, solía aventurarme por sus abarrotadas y bulliciosas calles en busca de un plato de fideos al paso. En aquel entonces, los dueños de los puestos regalaban bizcochos y bebidas a los manifestantes hambrientos. Oí que después de que los estudiantes fueron expulsados de la plaza el 4 de junio, los vendedores ambulantes llegaron con canastas de zapatillas para regalar a los manifestantes que hubiesen quedado des calzos en medio de la revuelta. Hoy, el lugar está casi irreconocible. En el apuro por las Olimpiadas, las construcciones de la dinastía Ming en la calle principal, con sus hermosas esculturas de piedra y adornados aleros de madera, han sido demolidas y reemplazadas por modernas réplicas sin alma. Me detuve con mi hijo en medio de todo ese arte de mal gusto mientras las personas del lugar paseaban despistadas, cámara en mano, ahora reducidas a meros turistas en su propio vecindario. Después de un tiempo, el sentido de alienación ante el pasado se vuelve sofocante y nos provoca volver a ver a los viejos amigos. Cuando llegamos a Pekín, pocas semanas antes de las Olimpiadas, la policía secreta me citó en el Hotel Sheraton. Muy amablemente se me pidió, entre pastelitos y cafés, que no hablase en público ni me reuniera con periodistas extranjeros y, sobre todo que guardara distancia de personas políticamente sensibles como Liu Xiaobo y Zhou Duo: dos de los cuatro intelectuales que se unieron a la huelga de hambre con los estudiantes durante los últimos días del movimiento prodemocrático.
Zhou Duo, ex profesor de economía en la Universidad de Pekín, es un viejo amigo mío. Es un callado erudito amante de la filosofía y la música clásica. En 1989, se vio impulsado a participar del movimiento prodemocrático luego de que Liu Xiaobo, un ensayista más carismático y extravagante que él, lo declaró el intelectual más importante de nuestra generación. Zhou Duo nunca había tenido gran interés en la política, de modo que me sorprendí cuando supe que se había unido a la huelga de hambre. La noche del 3 de junio, Zhou Duo y la estrella de rock taiwanesa Hou Dejian fueron a negociar con el Ejército. Mientras los estudiantes se apiñaban aterrorizados bajo el Monumento a los Héroes del Pueblo, Zhou Duo imploró que se les permitiera una retirada pacífica. No cabe duda de que su proceder calmado y diplomático salvó miles de vidas. A diferencia de Liu Xiaobo –quien, habiendo pasado años en prisión, fue detenido otra vez por firmar una petición de reforma política el año pasado–,
Zhou Duo se esfumó de la vida pública. Desde 1989, no ha podido trabajar ni publicar nada, y se encuentra bajo constante vigilancia policial. Se arrepiente de haber participado en las protestas y haber perdido su carrera. Ahora se refugia en Dios y ofrece pequeños oficios religiosos en su extremadamente vigilado departamento de las afueras de Pekín. Pasa la mayor parte del tiempo diseñando modelos para el futuro político de China. Pocas personas lo ven. Tuvimos una breve conversación telefónica pero no me atreví a sugerir un encuentro. Su línea está interceptada.
En febrero de este año, volví a China con el fin de investigar para mi siguiente libro. Las autoridades saben de las novelas que he publicado en Occidente, incluyendo la última, Pekín en coma, que trata sobre un estudiante muerto en la Plaza Tiananmen. Sin embargo, hasta ahora se me ha permitido volver. Siguen registrándome en la aduana, confiscan mis documentos y vigilan mis movimientos, pero obviamente saben que basta con callar mi voz dentro de China para volverme inofensivo.
Aunque mi próximo libro no tiene nada que ver con Tiananmen, a los pocos días de mi llegada en febrero, me dirigí instintivamente a ese enorme espacio abierto. Tomé un taxi. La plaza se hallaba desolada y cubierta de nieve. Los pinos esmeralda me hacen levantar la mirada al cielo. Quise bajar la ventana para tomar una foto, pero antes de poder apretar el botón, el chofer me increpó:
– ¡Cierre esa ventana! Es una nueva ordenanza, ¿no sabía? Todas las ventanas de los taxis deben permanecer cerradas al pasar por la Plaza de Tiananmen.
La han designado zona «políticamente sensible». El 2009 es año de muchos aniversarios importantes para China, incluyendo los sesenta años de la fundación de la República Popular y los veinte de la masacre de Tiananmen. El gobierno está más a la defensiva que nunca. Subí la ventana, contemplé la Plaza y recordé ese mar de manos alzadas, pancartas y banderas. Los gritos silenciados de un millón de manifestantes resonaron en los oídos de mi mente, diciéndome más que cualquier cosa que mis ojos pudiesen ver. Me tomó diez años terminar Pekín en coma. Escribí muy poco los primeros años. Una sola imagen recurrente bloqueaba mi progreso: un hombre desnudo tendido sobre una cama de hierro con un gorrión parado en el brazo y una fría luz iluminándole el pecho. Aquellos diez años fueron una lucha interna por mostrarme el verdadero poder y significado de ese rayo de luz. Cerrando los ojos, me pregunté por qué los hombres somos tan buenos para convertir nuestro paraíso en un infierno.
El chofer del taxi miró por la ventana y dijo:
–Esta nieve no es nada. Debería ver cómo ha nevado en nuestro pueblo…
–Ya no quiero ir a la plaza –le dije– Cambié de opinión. Por favor, dé la vuelta y lléveme a Tongxian. De pronto tuve deseos de visitar al artista y fotógrafo Chen Guang. Las fotos que se tomó hace muchos años rodeado de mujeres desnudas o teniendo sexo con una prostituta fueron crudas expresiones de furia interna. Pero recientemente había completado una serie de óleos sobre la masacre de Tiananmen y los había exhibido en internet. Quise ver esas imágenes.
El departamento de Chen Guang está en Tongxian, en un edificio moderno y anónimo. En medio de su austera habitación, tiene un balde de plástico lleno de colillas de cigarro. Y las paredes blancas tienen cuadros verdes repletos de tanques, soldados con cascos y carpas aplastadas. Me invitó un vaso con agua y confesó que en 1989 se enroló en el Ejército. Tenía sólo diecisiete años. A los pocos meses, su regimiento –el número 62– fue enviado a Pekín para ayudar a sofocar el movimiento estudiantil. El 3 de junio, sus compañeros recibieron órdenes de disfrazarse de civiles, llegar a la Gran Sala del Pueblo por el lado este de la plaza y esperar la señal para desalojar a los estudiantes. –Éramos siete mil –me dijo mientras prendía un cigarrillo con otro– y a mí me encargaron el transporte de nuestros cuatro mil fusiles a la Gran Sala. Me vestí como un estudiante y cargué las armas en un bus expropiado por el Ejército.
Mientras el conductor se acercaba a la multitud de estudiantes en la Avenida Changan, me horrorizó la idea de que saltaran y encontraran los fusiles amontonados en el piso, así que me recliné y les hice la señal de la victoria con una sonrisa. Cuando llegamos al patio trasero de la Gran Sala y cerramos las puertas, me pasé tres horas bajando los fusiles, brazada tras brazada. Eran fusiles nuevos. Cuando terminé, estaba todo bañado en aceite.
Nunca antes había oído a un soldado dar una noticia de primera mano sobre la represión. Dio una larga pitada a su cigarrillo y continuó, con los ojos comenzando a enrojecerse: –Todos los soldados recibimos un fusil cargado y órdenes de formar en fila. Muchos éramos muchachitos de pueblo. Apenas habíamos comido en días. Estábamos débiles y aterrorizados, convencidos de que íbamos a morir. Algunos se cagaron, otros temblaban tanto que dispararon sus fusiles sin querer e hirieron a sus compañeros. La medianoche del 4 de junio, se abrieron las Puertas de la Gran Sala. Era un caos allá afuera. Las fuerzas especiales camufladas blandían bayonetas y sacaban a los estudiantes que aún quedaban en la plaza. Cerca de allí, unos efectivos tumbaron a un estudiante a patadas y le golpearon la cabeza con las culatas de sus fusiles. Oí los disparos de ametralladora a la distancia y vi cómo la Diosa de la Democracia era derribada y arrasada por un tanque.


Cogí mi fusil pero no sabía adónde apuntar. Tenía órdenes de ayudar a limpiar la plaza y de quemar todas las evidencias. Pasé por toda la hilera de carpas aplastadas, sábanas, sandalias y panfletos, y cogí dos periódicos y una larga trenza de cabello negro con una liga. Supuse que alguna chica se la había arrancado de la desesperación antes de que llegara el Ejército... Le pregunté cuál era su recuerdo más vivo de aquellos días. Me respondió:
–Después de que dejamos del Centro de Pekín, pudimos ir por doquier, lugares que nunca hubiésemos podido ver. Recuerdo que caminaba hacia el complejo Zhongnanhai. Todos los líderes del gobierno habían abandonado sus chalets. Dejaron sus gatos y perros hambrientos en sus puertas... Me acuerdo de eso y de otros pequeños detalles. Pero cuando cierro los ojos y pienso en aquellos días, lo primero que puedo ver es el color verde: el monstruoso verde de los cascos y los tanques.
Le dije que, a pesar de no haber estado en Pekín durante la represión, también había imaginado ese verde aterrador –el mar de caqui deshumanizante, asesino y mutilador– cuando describí aquellos días en mi libro. Imaginaba cómo, durante aquel amanecer de junio, hasta el sol debió estar teñido de verde. Le pregunté por qué había decidido contar todo eso ahora.
–Este año es el vigésimo aniversario. Creo que es el momento. De todos modos, ya no puedo seguir guardándome estas pesadillas.
Chen Guang es uno de los pocos artistas que se atrevieron a enfrentar la Plaza de Tiananmen cara a cara. El día en que lo conocí, su exhibición fue censurada en la internet cuando apenas tenía tres días en línea. Los chinos hicieron un oscuro pacto con el gobierno. Renunciaron a sus peticiones de libertad política e intelectual a cambio de comodidades materiales. Tienen vidas prósperas en las que se prohíbe cualquier expresión de disconformidad.
Cuando converso con jóvenes chinos sobre 1989, me acusan indefectiblemente de andar esparciendo falsos rumores y de ser un traidor a la patria. Cuando toco el tema con mis viejos amigos, la mayoría se ríe con desdén, como si aquellos sucesos ya fueran irrelevantes. Pero yo sé que detrás de esas muestras de escarnio esconden verdadero miedo. Todos saben que cualquier intento de romper el tabú de Tiananmen tiene todavía el poder de destruir la vida de una persona y la de toda su familia. Por otro lado, las autoridades podrán monopolizar los recursos de la nación pero nunca podrán controlar el alma de ésta. Viven diariamente el pánico de que alguna vez colapse la compleja estructura de mentiras que crearon. Cinco minutos a pie desde el complejo Zhongnanhai, y yendo por la Avenida Changan, se encuentra la Librería Xidan, la más grande de toda Asia. Pocos días después de mi entrevista con Chen Guang, fui para comprar una traducción al chino de Austerlitz, la obra de W. G. Sebald.
Así como el protagonista, yo también estoy en una lucha constante por saber cuántas memorias necesita una vida humana. Esta librería de cinco pisos vende cien mil libros al día. Cerca de la entrada principal, se encuentra un inmenso póster del presidente Obama sonriente. Adentro, se pueden comprar traducciones de las últimas publicaciones de ciencias o economía, así como libros que registran cinco mil años de historia china. Sin embargo, no existe una sola palabra sobre la masacre de Tiananmen, y tampoco existe registro veraz de ninguna de las demás desgracias causadas por los comunistas en China desde 1949. Estos capítulos perdidos de la historia nacional merman el poderío de todos los demás textos chinos de la librería. Suena mi celular. Había concertado una cita en la librería con Liu Hua, sobreviviente de Tiananmen e hijo de un catedrático de la Universidad de Pekín. Eché un vistazo por la ventana y de inmediato supe que era él. Era la única persona en la multitud que tenía un solo brazo.
Caminamos juntos por la Avenida Changan. Soplaba un viento frío y la nieve del pavimento había sido arrimada hacia una senda de acebos. Los antiguos muros rojos del complejo Zhongnanhai brillaban temblorosamente bajo el sol nocturno. Llegamos a la intersección Liubukou. Pocos años atrás, me encontraba parado allí mismo tomando fotografías como parte de mi investigación para Pekín en coma. En ese tiempo, la brecha entre los relatos que había escuchado de los testigos de la matanza que había ocurrido en esta intersección en 1989 y la mundana realidad ante mis ojos no podía calzar sin un esfuerzo de imaginación.
Ahora, con Liu Hua a mi costado, la escena presente se fundía instantáneamente con el pasado. Él había estado aquí ese amanecer del 4 de junio con dos jóvenes estudiantes. –Sucedió aquí mismo –me dijo–, precisamente en estas rejas blancas. Un tanque irrumpió en la Avenida Changan y lanzó gas lacrimógeno. Éramos una gran multitud. Tosíamos y nos ahogábamos. Nos tumbaron a la vereda y fui aplastado contra estas mismas rejas. Una chica se arrodilló. Me aferré a la reja con una mano para no caer y con la otra le ofrecí un pañuelo y le dije que se lo pusiera como máscara. En el momento en que me incliné para dárselo, otro tanque pasó rugiendo ente nosotros a gran velocidad. Trece personas murieron aplastadas pero yo sólo perdí un brazo. Quien manejaba el tanque sabía perfectamente lo que hacía. Contempló el parche de asfalto bajo sus pies y miró nerviosamente hacia los camiones de policía estacionados al otro lado de la pista. Era hora punta; los autos y taxis pasaban sin parar.
–Qué experiencia tan aterradora –dije para mí, sujetando las rejas blancas.
–Así fue –respondió él con calma–. Pero no me asusté de verdad hasta que vi a Deng Xiaoping en la televisión diciendo a las tropas: «Los extranjeros afirman que abrimos fuego y eso lo admito, pero decir que los tanques del Ejército pasaron por encima de ciudadanos desarmados es una vergonzosa calumnia». Se me pusieron los pelos de punta. Yo era testigo viviente de la verdad. ¿Qué pasaría si un día viniesen por mí?
Durante dos años, jamás me atreví a salir de noche ni conté nada lo que pasó. La policía venía a interrogarme casi a diario pero ni ellos ni yo mencionamos nunca a los tanques. Cada aniversario del 4 de junio, venían a mi casa con almohadas y colchones, y dormían en mi habitación. Todo para impedir que hablase con periodistas extranjeros. Cuando ya se ponía el sol, nos fuimos a un restaurante. Contemplé las oscurecidas paredes del complejo Zhongnanhai y pensé en los líderes del gobierno allí dentro, sentados a la mesa en cena familiar, con los gatos y perros correteando a sus pies.

Liu Hua volteó y exclamó:
–¡Comunistas sanguinarios! ¿Qué derecho tenían de quitarme mi brazo? ¡Si no se disculpan por la represión ni ofrecen justicia a las víctimas, los llevaré a la corte!
–Asegúrate de mantener a salvo toda tu evidencia y registros médicos –le dije-; el día del juicio llegará. Nunca deja de sorprenderme la fe que tienen los chinos en el sistema judicial. En un país donde el estado de derecho no existe, nuestra única arma contra la injusticia es la fuerza de nuestras convicciones.
Sin aquellos testigos, nos hubiésemos apartado más y más de la atrocidad. En tan sólo veinte años la «Generación Tiananmen», que inspiró a gente de todo el mundo a levantarse contra las tiranías, se había desvanecido. Profesores de escuela, padres, presentadores de noticias y ejércitos de censores contribuyeron al adormecimiento de toda una generación. Es tarea de valerosos sobrevivientes como Liu Hua, Chen Guang y muchos otros como Ding Zilin, fundadora del grupo de apoyo, rescatar del olvido a los muertos y luchar por la verdad. No todos los que murieron ese 4 de junio lo hicieron sin saber.


Algunos avanzaron hacia los fusiles a propósito. Mientras eran abaleados, probablemente su único pensamiento era:«Es el momento más oscuro, luego todo será luz».Los cuerpos esclavizados escogieron caer para que millones pudieran levantarse libremente y pisotearan las injusticias del pasado. El único objetivo de la inmolación es forzar al opresor a vivir con el ardor de la culpa.
Pienso en mi hermano, quien cayó en estado de coma hace veinte años. Hace mucho que su esposa e hijos lo abandonaron. Ahora ya puede comer, beber y dormir, pero carece de emociones y de amor propio. No puede hablar pero se puede sentar a ver algo en la televisión y reír a carcajadas. O puede contemplar el techo por horas. No tiene control sobre su propia vida, tal como el pueblo chino.
Y sin embargo, algo extraordinario sucedió la última vez que lo fui a visitar. Usualmente le doy un lapicero y un papel, y espero a ver qué dibuja. A veces son solamente cajas y cruces, otras escribe mi nombre o el de su primera novia. Pero esta vez dibujó un caballo galopando en campo abierto. A pesar de las líneas temblorosas, era más expresivo de lo que jamás hubiese podido dibujar yo mismo. Por un momento, vi un débil rayo de luz en su pecho y supe que aún había esperanzas.
 

(Traducción de Carlos Cavero)"



Para ver todas las imágenes y Videos de la masacre de Tiananmen 1989, create una cuenta en http://www.64memo.com/d/Default.aspx?tabid=37&language=en-US

Thursday, October 08, 2009


Ministra, dicen que Ud. era una Díscola de la Dictadura.

Es una pena que finalmente no nos conocieramos Sra. Mónica. Ud. conoció mi historia y yo conocí la suya. Las dos sabemos a través de quién. Pero nunca nos vimos las caras. Es rara la sensación que me asoto hoy día. Nunca espere esta noticia.
Me parece que ahora por fin podrá estar y descansar en PAZ. No es fácil vivir con la carga pesada que deja, haber sido Ministra del Dictador más grande y cruel que ha tenido la Historia  de Chile y tal vez, del mundo. Tampoco ha sido fácil, cargar con el peso de haber firmado una Ley de Amnistía, que finalmente nos mantiene todavía entrampados en la búsqueda de JUSTICIA.
Con el tiempo transcurrido, ha sido Ud. una de las pocas o pocos que ha pedido PERDON, honestamente creo yo, frente a lo sucedido (violación a los D.D.H.H.) aun cuando fue parte de toda esa inmundicia de Gobierno Militar.
Me falto conocerla personalmente y decirle que pienso, que a veces las grandes penas y dolores, nos hacen enfermar y sobreponernos de eso es difícil. Muy difícil. Yo he Aprendido a Vivir nuevamente, sabiendo que esta nueva vida es solo un pedacito agregado y prestado, que en cualquier momento se puede terminar. Ud. pudo sobrevivir 5 años. Pero estoy segura fueron 5 años extra que le permitieron reinvindicarse no necesariamente con el pueblo, si no que pudo reinvindicarse con Ud. misma, pudo luchar por Ud.
Ojalá haya concretado también la escritura de sus memorias antes de partir. Tal vez leyéndolas podremos entender su Historia y de paso aclarar dudas que quedan.
Sinceramente, espero que de verdad este descansando, tranquila, sabiendo que hizo todo lo posible por salir de esto, pero Dios a veces nos tiene preparado otro camino.
Yo en dos días más cumplo 9 años de vida extra, 4 años más que Ud. Pero estoy más que agradecida, como siempre digo, de lo que esta nueva vida me ha dado. Asi que si mañana o pasado la sigo, esperando ojala dejar a mis hijos más grandes y educados, no tendré problema en que nos encontremos por fin y podamos conversar largo y tendido, de la vida, de su vida, de la mia.

Thursday, October 01, 2009

Que 10 años nos es nada...


Pareciera que cumplir 10 años trabajando en un mismo lugar es demasiado tiempo, pero la verdad la vida pasa demasiado rápido y esos años generan una percepción diferente.
En realidad llegue a esta Empresa, hoy ya Compañia, cuando pasaban cosas bastantes distintas en mi vida. En realidad mi vida era otra, otra que ya no existe.
Llegue el año 1997 (1999 me contrataron) a dictar unos cursos de certificación de Visual Basic 4.0 (capten la época), cuando casi nadie pensaba en certificarse. Se podrán percatar que entonces llevo más de 10 años....12 para ser más exacta.
En ese momento, esta ya era una empresa con bastante prestigio en el mercado, así que para mi fué una gran oportunidad llegar al área de Educación, tema que para mi era significativo.
Educación estaba ubicada en el edificio antiguo de Catedral, frente al ex-Congreso. Lugar entrañable, donde más de alguna vez me cruce con mis amigos fantasmas. Convengamos que el lugar no era muy moderno, pero era muy familiar el ambiente. Hasta el break (casero y espectacular) lo recuerdo, ahi comence a subir kilos, varios kilos.

Como no recordar a los compañeros y amigos que hice en ese momento y que siguen siendo mis amigos/as hasta el día de hoy; Juan Carlos Salazar, Eloy Hermosilla, Eduardo Solis, Edith Flores (la Flower), Marcelita Yevenez, Fabiola Riquelme, Hector Alvarado (mi gran jefaso que he tenido en la vida),Alberto Merino (que me contrato, gracias especiales), Claudio Celis, Patricia Pardo, David Aedo, Milenko Sariego, etc. y tantos otros con los que compartí muchas vivencias en ese edificio.
Pasado un tiempo, se vinieron los cambios, que cambios....franquicia, edificio nuevo, modernidad por todos lados. Eso fué, me parece, el mismo año que me contrataron.
El 2000 lo recuerdo especialmente, el cambio de milenio se vino con todo, ese año terminó una antigua vida que tenía y que se fué para siempre. Claramente después que te sentencian y te dicen que un gran tumor está alojado en tu cuerpo, el pancreas en este caso, te preguntas ¿por que yo? y te cuestionas absolutamente TODO.
Pero no estaba sola, después de caer por ese tunel oscuro sin ver salida, te das cuenta que están los amigos de siempre para sacarte de ahi, la familia, tu pareja, tenia a mi hija que no podía dejar con apenas 7 años, proyectos. Así que me propuse VOLVER A VIVIR y aquí me tienen, disfrutando cada día que me regala la vida. En todo esto Leandro fué absolutamente mi aliado, por eso y por muchas cosas más, lo sigo amando más que a mi propia vida regalada y extra que hoy tengo.
Volví a este edificio, a dar la pelea día a día. A tratar de entender que si el destino, Dios, o la vida te pone en un lugar, es por algo.
Estos años han sido así, de dulce y agras. Pero han sido obviamente los mejores años de mi vida a pesar de todo. Como no voy a estar agradecida de que en estos 10 años por ejemplo tuve 3 hermosos hijos. Ellos son un regalo absoluto que vino a sellar mi felicidad por estar viva.
Es por eso que hoy, en la ceremonia de premiación, aparecieron todas estas imagenes en mi cabeza y quise compartirla con Uds. Lo mejor que me ha dado mi estadia en Sonda son los lazos que uno va haciendo y que son indisolubles. Es lo que queda después de todo.
La balanza gracias a Dios siempre se inclina hacia lo positivo en mi caso. Aquí conocí a mis grandes partner de la vida. Marina mi comadre del alma. Calello mi yunta de la vida. Virgi y Escarlata, dos grandes amigas que siguen estando a mi lado. Mi hijo putativo Larry a quien adoro. En fin, tanta gente linda que he conocido aquí. Carlitos de arriba, el personal de aseo que cuida que mi sucuchin este siempre limpiecito, la Anita, la Frank, Nellyguen, las chiquillas de atención a clientes, etc. Me disculpan aquellos que no he nombrados, pero todos sin excepción de alguna manera han contribuido sin duda a que me sienta más a gusto en este mi lugar de trabajo actual.
Si esta vida me lleva por otro rumbo tarde o temprano, sepan que a todos los llevaré siempre en mi corazón y alma. Los quiero a todos sin excepción.
Agradezco la oportunidad a la vida de haberlos conocido.
Les dejo este tema que sintetiza gran parte de lo que he vivido estos últimos 10 años. Somos todos Peces que habitamos un lugar y que por ahi nos encontramos y nos encontraremos algún día... "Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver"...



Tuesday, September 15, 2009

Concierto Paz Sin Fronteras, La Habana, Cuba

Para ver el concierto en vivo Paz Sin Fronteras regrese el próximo domingo 20 de septiembre, 2:00pm hora este, 11am hora pacifico aquí http://alejandragonzalezrojas.blogspot.com o ingrese a www.hitn.TV o www.hitn.org


Un concierto Histórico en vivo y en directo desde la Plaza de la revolución, en la Habana Cuba. Para celebrar la paz y la música,Juanes y Miguel Bose fundadores de paz sin fronteras estarán acompañados por: 
· Víctor Manuel,
· Jovanotti,
· Yerba Buena,
· Olga Tañón,
· Julieta Venegas,
· Juan Fernando Velasco,
· Aute,
· Danny Rivera,
· Silvio Rodriguez,
· Amaury Pérez,
· Carlos Varela,
· Los Van Van,
· X Alfonso,
· Orishas entre otros.





Tuesday, September 01, 2009

Google en dos minutos.
Les dejo este video de lo que ha sido la historia de Google y de paso, la historia de Internet en estos 10 últimos años.
Como siempre digo, que sería de mi sin Google...


Wednesday, August 26, 2009

La Carta

Que bellas cartas he leído en mi vida. Que lastima que la costumbre de escribir una carta, de tu puño y letra se haya perdido. Ahora en su reemplazo, escribes un correo o una nota en algún lugar del ciberespacio.
El rito de recibir la carta, abrirla, sentir su olor, leerla, guardarla, volver a tomarla, volver a leerla y releerla, eso también quedó atrás.
Estaba pensando
, que le mostraré a mis hijos y nietos cuando este más vieja o que les dejaré cuando ya no este más con ellos. Por que ya no existen las cartas. Ahora tengo solo notas por aquí y por allá. Todo guardado en algún blog, correo o nota.
Y que pasa si un
día, me encuentro con que alguien eliminó todo o parte de lo que he escrito. No pasará nada seguramente me dirán. Sólo que mis palabras se las llevo un Delete. Pero a mi me pasaría todo. No tendría seguro ni un buen Backup de lo escrito, por que en casa de herrero cuchillo de palo.
En fin, sin tanta
tecnología no se si las cosas serían mejor, pero por lo menos estarían mis palabras seguras en un papel. A menos que viniese una catástrofe y volara de una mis papeles, cartas y notas.
Dedicaré definitivamente un rato de mi tiempo a respaldar todo lo que pueda, tal como le recomiendo a mis alumnos. Incluso debiera generar un aviso de
task ojala semanal o mensual, para acordarme de hacer los selectivos Backup.
Siguiendo con mi reflexión inicial, nuestro querido comandante Che Guevara, se tomo el tiempo para escribir unas hermosas cartas al pueblo, a sus padres, a sus hijos, amigos, etc. Claramente sabia lo que vendría y estaba preparado.
Rescato esta primera carta que refleja el amor a sus hijos. Esta es su despedida.

Carta de despedida a los hijos

A mis hijos
Querid
os Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.

Casi no se acordarán de mí y los más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.

Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la
naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Hasta siempre, hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandot
e y un gran abrazo de
Papá.


*********

Que bello cierto?

Ahora les dejo la carta que le escribió a sus padres, la última.

Carta a sus Padres

Queridos viejos:

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.

Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.

Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.

Puede ser que ésta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va mi último abrazo.

Los he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño, soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces no me entendieron. No era fácil entenderme, por otra parte, créanme, solamente, hoy.

Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas fláccidas y unos pulmones cansados. Lo haré.

Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri del siglo XX. Un beso a Celia. A Roberto, Juan Martín y Patotín, a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante para ustedes.

Ernesto

**********

Por último les recomiendo que lean el Diario del Che en Bolivia. Ahí se darán cuenta una vez más, que Che hubo y habrá uno solo.

El si pensó en que los que creemos en un mundo mejor, leeríamos sus cartas. Estas están llenas de coraje, sueños y amor más que revolucionario. Por algo su vida y legado ha trascendido y se ha reafirmado en el tiempo.

Me cuesta ponerme en su lugar. Siempre pienso, si podría dejar todo por una causa tan noble. Creo que en otro tiempo, tal vez si, ahora no. Mi hijos me mantienen pegada a este sistema y son mi razón de vivir. Puede ser y sonar demasiado egoista y al lado de lo que si hizo el Che debo ser nada, pero ellos son suficiente razón para dejar mis utopias a un lado. AUNQUE NO DEL TODO.

Todos los días me propongo poner un grano de arena para hacer de este mundo algo mejor. Pero también todos los días me encuentro con un millón de obstáculos que me intentan derribar. Pero al otro día me vuelvo a parar y asi me sostengo en el tiempo.

http://www.adelante.cu/che/documentos/desc/libro3.pdf.

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia,
De tu querida presencia
Comandante che Guevara.

Hasta siempre comandante.


Monday, August 10, 2009

Brazos de Sol...y es que no importa que digan que está trillado...

Estaba pensando en lo maravilloso que es soñar. Soñar con una vida llena de alegrías, recompensas, amores.
Pero los sueños distan casi siempre mucho de lo real. Y las realidades que nos tocan cada día no necesariamente son las que nos gustan. La vida cotidiana, que no es un sueño, nos aterriza a este mundo que suele ser siempre cruel y amenazador.
No obstante, siempre hay una luz de esperanza que nos persigue y que nos muestra el camino hacia esos sueños ocultos que no podemos olvidar, si no , sería imposible seguir viviendo. Yo tengo mis propios ángeles que me llevan a esos sueños, mis hijos.



Hoy me vino la gana, que no las musas
hoy no tengo pretextos ni disculpa para cantarte a ti
para escribirte un verso y descolgarte desde aquí
hasta las ganas de la mañana ya por venir.

Hoy primero del segundo del año
mientras esta mujer rompe el espacio para inventarse al fin
para mirarla toda en el silencio y de perfil
tomo sus manos como escenario para existir.

Y es que no importa que digan
que está trillado
hablar de amor que maldigan
si no han probado
la noche en sus brazos de sol.

Se detiene el reloj sobre nosotros
caen las diez que resbalan por sus hombros y se cuela la luz
que se enreda en tu pelo pero la liberas tú
oro y diamante por un instante de tono azul.

Monday, July 13, 2009

Hablando de Angeles...

Esto me paso una sola vez. Marzo de 1988.
Paso un Angel justo cuando lo miré. Bello.


ÁNGEL PARA UN FINAL
Silvio Rodríguez (Cuba)


Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos
era que pasaba un ángel que les robaba la voz
y hubo tal silencio el día que nos tocaba olvidar
que de tal suerte yo todavía no terminé de callar

Todo empezó en la sorpresa, en un encuentro casual
pero la noche es traviesa cuando se teje el azar
sin querer se hace una ofrenda que pacta con el dolor
o pasa un ángel, se hace leyenda y se convierte en amor.

Ahora comprendo cuál era el ángel
que entre nosotros pasó
era el más terrible, el implacable, el más feroz
Ahora comprendo en total este silencio mortal
ángel que pasa, besa y te abraza
ángel para un final.

Cita con Angeles

Cada vez que me acerco al Bar le pido a Diego que cante este tema de Silvio y dice que no se lo sabe. Pienso en el fastidio que le debe dar cantar durante tanto tiempo temas que tal vez no le interesa cantar. Lo entiendo. Tal vez es hora Diego, de poner por fin en tu repertorio de los Jueves de Silvio este tema. Harás feliz a un corazón lleno de melancolía por escucharlo.
Me parece que Silvio reflejó con este tema, hechos que no tienen explicación.
Mi Madre cuando era pequeña, siempre me decía que un Angel me resguardaba y me acompañaba. A pesar de mis no creencias, siempre siento que ese Angel me hace compañía.
Creo que, al igual que Silvio, esos Angeles existen. Pero pasa que se cansan de luchar contra las injusticias, dolores y pesares de este mundo. Es por eso que muchas veces no los percibimos. Cuando hecho de menos su presencia y comienzan mis miedos, miro la carita de mis hijos y veo a ese Angel que a veces pienso me abandona, pero que ciertamente siempre esta ahí, sigilosamente acompañándome y cuidándome.




Desde los tiempos mas remotos
vuelan los angeles guardianes,
siempre celosos de sus votos
contra atropellos y desmanes.
Junto a las cunas infantiles,
junto los tristes moribundos,
cuentan que velan los gentiles
seres con alas de otro mundo.

Cuando este angel surca el cielo,
no hay nada que se le asemeje.
El fin de su apurado vuelo
es la sentencia de un hereje.
No se distraiga ni demore,
todo es ahora inoportuno.
Va rumbo al campo de las flores
donde la hoguera espera a Bruno.

Se lanza un angel de la altura,
caida libre que da frio.
La orden de su jefatura
es descender hasta Dos Rios.
Es 19 y también mayo,
monte de espuma y madre sierra,
cuando otro angel a caballo
cae “con los pobres de la tierra”.

Dicen que al filo de la una
un angelote compasivo
pasó delante de la luna,
sobrevolando los olivos.
Y cuentan que con mala maña
fue tiroteado su abanico,
justo a la hora que en España
se nos mataba a Federico.

Un bello arcangel aletea
junto a un gran pajaro de hierro.
Procura que un hombre lo vea
para ahuyentar cien mil destierros.
Pero el arcangel se sofoca
y un ala azul se le lastima
y el ave negra abre la boca
cuando atraviesan Hiroshima.

Dejando un surco luminoso
por sobre Memphis, Tennessee,
pasó volando presuroso
un ser alado en frenesi.
Iba vistiéndose de luto,
iba llorando el querubin
e iba contando los minutos
de Dios y Martin Luther King.

El angel pasa bajo un puente,
después rodea un rascacielos.
Parque Central, lleno de gente,
no se da cuenta de su vuelo.
Cuanta utopia sera rota
y cuanta imaginación
cuando a la puerta del Dakota
las balas derriben a John.

Septiembre aulla todavia
su doble saldo escalofriante.
Todo sucede un mismo dia
gracias a un odio semejante.
Y el mismo angel que alla en Chile
vio bombardear al presidente,
ve las dos torres con sus miles
cayendo inolvidablemente.

Desesperados, los querubes
toman los cielos de la tierra
y con sus lapices de nubes
pintan adioses a las guerras.
El mundo llena los balcones
y exclama al fin: esta es mi lucha,
pero el señor de los cañones
no mira al cielo ni lo escucha.

Pobres los angeles urgentes
que nunca llegan a salvarnos.
¿Sera que son incompetentes
o que no hay forma de ayudarnos?
Para evitarles mas dolores
y cuentas del sicoanalista,
seamos un tilin mejores
y mucho menos egoistas.

Monday, May 18, 2009


Inolvidable Benedetti...

Uno de los primeros libros que leí en mi adolescencia fue "La Tregua". Esta tregua que vivió Martín en su vida junto a Laura sellaron un momento especial de mi vida. Recuerdo que alguna vez comenté con mi papá que estaba leyendo esta novela y sin conocer yo más allá de la historia de Benedetti, mi padre sabia mucho más que lo que podía saber yo.

Con el tiempo, recibí un regalo que contenía un poema, de alguien que en ese momento comenzaba a ser especial, el poema era "Hagamos un trato". Recuerdo que estaba inscrito en una especie de pergamino que pegue en mi dormitorio.

Compañera,usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Luego pasaron los años, y esa persona especial me mostró el parte de matrimonio que había diseñado para nuestra unión. Era muy simple y especial, tenia parte del poema de Benedetti, "Te quiero".

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Ciertamente que Benedetti haya estado en momentos especiales de mi vida, no es pura casualidad. Mi padre, Leandro y Benedetti, tenían algo en común, eso que los acerco a mi vida sin que yo los buscase.

Ayer cuando me enteré que había fallecido, sentí que mi corazón se iba a salir de tan rápido que comenzó a latir. Fue muy fuerte la noticia para mi. Benedetti siempre había estado en distintos pasajes de mi vida, sin quererlo, y de repente me acordé de todos estos acontecimientos vividos.

Solo se hoy día, que para mi será inolvidable este señor con nombre tan largo, Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, pero que conocí simplemente como Benedetti un día. Mientras exista amor y poesia, existirá Benedetti por siempre.